El Kundalini Yoga nos enseña que para que el ego abandone su control, un sonido debe de emitirse por lo menos durante 12 minutos; una propuesta difícil para quien no está acostumbrado a este trabajo.
Animo a Julie sostener su sonido por no menos de dos minutos, a fin de que su ego se relaje lo suficiente como para dejar que lo que está experimentando internamente tome forma auténtica en el sonido.
Ella continúa emitiendo su sonido por 3 o 4 minutos, hasta que de repente se detiene súbitamente, llenando el espacio con un silencio cargado de energía, un claro espacio de reflexión.
Se requiere de varios minutos emitiendo un sonido, oyéndolo, experimentándolo, escuchándolo y siguiendo sus cambios a veces sutiles, antes de que se convierta en un tono constante con una forma clara , hasta que un sonido firme, sólido, fijo, consistente e insistente aparezca para ser una sincera expresión de lo que está vibrando dentro de uno.
Mientras esto acontece, todos los diferentes tonos, armónicos y matices del sonido transportan y conectan - tanto a la persona haciendo el sonido, como a los que la escuchan - hacia lugares profundamente inconscientes, orillándolos en forma irresistible a experimentar imágenes aparentemente desconectadas y sorprendentemente distintas, de momentos del pasado y del presente de sus vidas.
Aunque los sonidos no son siempre aparentes en nuestras imágenes, el hacer y escuchar los sonidos que emitimos inevitablemente trae nuevas, y frecuentemente cambiantes, imágenes a la consciencia. Aquí se revela la naturaleza primaria, íntima y dinámica de la relación entre sonidos e imágenes.
Imagenes-Sonoras
Las imágenes y su narración traen consigo sonidos inesperados, expresando las intensiones más profundas del alma. Se abre un espacio para reconocer y explorar cómo nuestra VOZ y los SONIDOS que aparecen en - y con - las imágenes de nuestros sueños y vida cotidiana pueden incitarnos a participar más plenamente en los movimientos físicos, emocionales, mentales y espirituales de nuestras vidas.
miércoles, 30 de marzo de 2011
sábado, 26 de marzo de 2011
Imaginar, para Sentir, para luego Emitir el Sonido
Pero aún cuando no tomemos en cuenta al sonido, esto no significa que no haya sonido. Le pregunto a Julie: “ ¿ Si hubiera habido algún sonido, cuál pudo haber sido?”.
Me quedo con la curiosidad sobre qué sonido en su sueño escogerá resaltar. Para mi sorpresa, su cuerpo reacciona en seguida a mi pregunta, primero con un simple cambio de postura. Luego, a medida que intenta imaginar y describir tal sonido, me es imposible pasar en alto el cambio en su respiración y del color en su piel (delatando un cambio en su temperatura). ¡ No hay duda que algo importante está aconteciendo en ella !
Ya que describir un sonido sin oírlo es como describir una imagen sin haberla visto, le sugiero HACER el sonido. Un consejo en este punto es simplemente emitir espontáneamente el primer sonido que viene. Luego, a medida que se sostiene, ir afinando el sonido emitido hasta que concuerde con la imagen y lo escuchado internamente, hasta que el sonido verdaderamente refleje lo que se está imaginando y experimentando.
De esta manera, Julie tiene que imaginar el sonido para después sentirlo y, finalmente, hacerlo, emitirlo.
Animo a Julie en no pensar en su respiración, para simplemente permitir que el sonido aparezca y se afine por sí mismo. Más que hacer el sonido, el desafió es permitirlo aparecer, hasta convertirse en una guía para sí.
El sonido que surge de Julie es un profundo, bajo, laaarrrggggoo lamento, combinando las vocales i y e : iiiiiiieeeeiiieeeiiiieeieeiiieeeeeeiiieeieeiiieeieeiiiiiiieeeiiiiiiieeeeiiiieeeeeeeiiiiiiieeeeiiieeieeiii . . .
Me quedo con la curiosidad sobre qué sonido en su sueño escogerá resaltar. Para mi sorpresa, su cuerpo reacciona en seguida a mi pregunta, primero con un simple cambio de postura. Luego, a medida que intenta imaginar y describir tal sonido, me es imposible pasar en alto el cambio en su respiración y del color en su piel (delatando un cambio en su temperatura). ¡ No hay duda que algo importante está aconteciendo en ella !
Ya que describir un sonido sin oírlo es como describir una imagen sin haberla visto, le sugiero HACER el sonido. Un consejo en este punto es simplemente emitir espontáneamente el primer sonido que viene. Luego, a medida que se sostiene, ir afinando el sonido emitido hasta que concuerde con la imagen y lo escuchado internamente, hasta que el sonido verdaderamente refleje lo que se está imaginando y experimentando.
De esta manera, Julie tiene que imaginar el sonido para después sentirlo y, finalmente, hacerlo, emitirlo.
Animo a Julie en no pensar en su respiración, para simplemente permitir que el sonido aparezca y se afine por sí mismo. Más que hacer el sonido, el desafió es permitirlo aparecer, hasta convertirse en una guía para sí.
El sonido que surge de Julie es un profundo, bajo, laaarrrggggoo lamento, combinando las vocales i y e : iiiiiiieeeeiiieeeiiiieeieeiiieeeeeeiiieeieeiiieeieeiiiiiiieeeiiiiiiieeeeiiiieeeeeeeiiiiiiieeeeiiieeieeiii . . .
martes, 22 de marzo de 2011
Sensibilidad Sonora
Ya que es probable que le prestemos poca atención a los sonidos en nuestros sueños, cabe preguntarnos:
¿Qué hay de los sonidos en nuestras vidas, particularmente nuestros sonidos vocales?
¿Qué tanto tomamos en cuenta al sonido cuando tratamos de conocernos a nosotros mismos?
Estas dos preguntas no son de poca importancia. Ignorar, o no darle importancia al sonido resulta curioso, ya que dependemos tanto de él: para orientarnos, informarnos, equilibrarnos y básicamente, para comunicarnos.
Cierta inestabilidad viene con prestarle tan poca atención al sonido, derivando en una falta de visión sobre cómo hacer uso del sonido para transformar nuestra relación con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea.
¿Qué hay de los sonidos en nuestras vidas, particularmente nuestros sonidos vocales?
¿Qué tanto tomamos en cuenta al sonido cuando tratamos de conocernos a nosotros mismos?
Estas dos preguntas no son de poca importancia. Ignorar, o no darle importancia al sonido resulta curioso, ya que dependemos tanto de él: para orientarnos, informarnos, equilibrarnos y básicamente, para comunicarnos.
Cierta inestabilidad viene con prestarle tan poca atención al sonido, derivando en una falta de visión sobre cómo hacer uso del sonido para transformar nuestra relación con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea.
sábado, 19 de marzo de 2011
Trabajo Sonoro de transformación con las Imágenes de los Sueños
Un día una mujer joven de casi treinta años, Julie, me comparte el siguiente sueño :
Estoy al pie de un volcán a punto de erupcionar . . .
rodeada de personas corriendo histéricamente en
todas las direcciones. Para mi sorpresa (todavía
en el sueño), noto que estoy tranquila en medio
del caos que me rodea.
Le pregunto: “¿ Cuáles fueron los SONIDOS en el sueño ?”. La pregunta la sorprende. Después de un momento de titubeo, seguido de un corto silencio que permite una rápida pero intensa revisión de su sueño, dice de repente, con más que un poco de vergüenza: “no había ningún sonido”.
En seguida repito suavemente, casi igualando el sonido de su voz, gesto y tono, aunque tal vez con un poco de duda: “¿ No había NINGÚN SONIDO ?”.
“No”, dice de nuevo, ahora con más firmeza: “No había ningún sonido”.
Y cae de inmediato en un silencio concentrado. Yo simplemente la espero. Al retomar la palabra, dice que el silencio le había servido para identificar esos aspectos de su vida en que le faltaba sonido—y lo que esto significaba, implicaba para ella. Entre otras cosas, Julie se asombra descubrir que incluso se ríe en silencio.
Se pregunta en voz alta: “¿ Desde cuándo ?”.
Estoy al pie de un volcán a punto de erupcionar . . .
rodeada de personas corriendo histéricamente en
todas las direcciones. Para mi sorpresa (todavía
en el sueño), noto que estoy tranquila en medio
del caos que me rodea.
Le pregunto: “¿ Cuáles fueron los SONIDOS en el sueño ?”. La pregunta la sorprende. Después de un momento de titubeo, seguido de un corto silencio que permite una rápida pero intensa revisión de su sueño, dice de repente, con más que un poco de vergüenza: “no había ningún sonido”.
En seguida repito suavemente, casi igualando el sonido de su voz, gesto y tono, aunque tal vez con un poco de duda: “¿ No había NINGÚN SONIDO ?”.
“No”, dice de nuevo, ahora con más firmeza: “No había ningún sonido”.
Y cae de inmediato en un silencio concentrado. Yo simplemente la espero. Al retomar la palabra, dice que el silencio le había servido para identificar esos aspectos de su vida en que le faltaba sonido—y lo que esto significaba, implicaba para ella. Entre otras cosas, Julie se asombra descubrir que incluso se ríe en silencio.
Se pregunta en voz alta: “¿ Desde cuándo ?”.
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