El Kundalini Yoga nos enseña que para que el ego abandone su control, un sonido debe de emitirse por lo menos durante 12 minutos; una propuesta difícil para quien no está acostumbrado a este trabajo.
Animo a Julie sostener su sonido por no menos de dos minutos, a fin de que su ego se relaje lo suficiente como para dejar que lo que está experimentando internamente tome forma auténtica en el sonido.
Ella continúa emitiendo su sonido por 3 o 4 minutos, hasta que de repente se detiene súbitamente, llenando el espacio con un silencio cargado de energía, un claro espacio de reflexión.
Se requiere de varios minutos emitiendo un sonido, oyéndolo, experimentándolo, escuchándolo y siguiendo sus cambios a veces sutiles, antes de que se convierta en un tono constante con una forma clara , hasta que un sonido firme, sólido, fijo, consistente e insistente aparezca para ser una sincera expresión de lo que está vibrando dentro de uno.
Mientras esto acontece, todos los diferentes tonos, armónicos y matices del sonido transportan y conectan - tanto a la persona haciendo el sonido, como a los que la escuchan - hacia lugares profundamente inconscientes, orillándolos en forma irresistible a experimentar imágenes aparentemente desconectadas y sorprendentemente distintas, de momentos del pasado y del presente de sus vidas.
Aunque los sonidos no son siempre aparentes en nuestras imágenes, el hacer y escuchar los sonidos que emitimos inevitablemente trae nuevas, y frecuentemente cambiantes, imágenes a la consciencia. Aquí se revela la naturaleza primaria, íntima y dinámica de la relación entre sonidos e imágenes.
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