sábado, 26 de marzo de 2011

Imaginar, para Sentir, para luego Emitir el Sonido

Pero aún cuando no tomemos en cuenta al sonido, esto no significa  que no haya sonido. Le pregunto a Julie: “ ¿ Si hubiera habido algún sonido, cuál pudo haber sido?”. 

Me quedo con la curiosidad sobre qué sonido en su sueño escogerá resaltar.  Para mi sorpresa, su cuerpo reacciona en seguida a mi pregunta, primero con un simple cambio de postura.  Luego, a medida que intenta imaginar y describir tal sonido, me es imposible pasar en alto el cambio en su respiración y del color en su piel (delatando un cambio en su temperatura).  ¡ No hay duda que  algo importante está aconteciendo en ella !
      
Ya que describir un sonido sin oírlo es como describir una imagen sin haberla visto, le sugiero HACER el sonido.  Un consejo en este punto es simplemente emitir espontáneamente el primer sonido que viene.  Luego, a medida que se sostiene, ir afinando el sonido emitido hasta que concuerde con la imagen y lo escuchado internamente, hasta que el sonido verdaderamente refleje lo que se está imaginando y experimentando.

De esta manera, Julie tiene que imaginar el sonido para después sentirlo y, finalmente, hacerlo, emitirlo.

Animo a Julie en no pensar en su respiración, para simplemente permitir que el sonido aparezca y se afine por sí mismo.  Más que hacer el sonido, el desafió es permitirlo aparecer, hasta convertirse en una guía para sí.

El sonido que surge de Julie es un profundo, bajo, laaarrrggggoo lamento, combinando las vocales i y e : iiiiiiieeeeiiieeeiiiieeieeiiieeeeeeiiieeieeiiieeieeiiiiiiieeeiiiiiiieeeeiiiieeeeeeeiiiiiiieeeeiiieeieeiii . . .




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